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CONFERENCIA: UTILIDAD DEL PSICOANÁLISIS PARA LA MEDICINA

CONTENIDOS Y PROGRAMA

Los médicos clínicos se encuentran muchas veces con dificultades que no dependen de cuestiones biológicas de la enfermedad sino de cuestiones afectivas, variantes de la personalidad de los pacientes, sentimientos de culpabilidad, etc. Por ello, adquirir algunas nociones psicoanalíticas puede ser muy útil para incrementar la eficacia terapéutica.

En la conferencia, se darán a conocer las aportaciones que el psicoanálisis puede hacer a la Medicina mediante la exposición de temas relacionados con:

Detección y abordaje de… 

La culpa inconsciente actúa como obstáculo a la curación.
Las ventajas de la enfermedad que entorpecen el proceso de restablecimiento. 
La importancia de la relación médico-paciente en la cura. 
La depresión y la angustia como causa de algunas enfermedades.

“El conocimiento de los distintos mecanismos implicados en la enfermedad nos permite comprender el proceso de enfermar y mejorar la eficacia de los tratamientos.”

Se expondrán conceptos del psicoanálisis pueden hacer la práctica médica más fácil y más exitosa en los siguientes aspectos relacionados con la labor habitual del médico: 

Cómo afecta el sentimiento de culpa en el curso de la enfermedad y cómo abordarlo. 
Cómo abordar las dificultades de las relaciones conflictivas entre médico y paciente. 
Cómo reconocer y abordar las ventajas secundarias de la enfermedad. 
Cómo trabajar las dificultades de la adherencia al tratamiento.

CONTENIDOS Y PROGRAMA

Dra. Alejandra Menassa (Especialista en Medicina Interna, Psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero-directora del departamento de clínica psicoanalítica).

Dra. Pilar Rojas (especialista en Reumatología, Psicoanalista de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero-directora del departamento de clínica psicoanalítica).

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Temor Homosexual

TEMOR HOMOSEXUAL. TOC HOMOSEXUAL

Tú siempre fuiste un “hombre hecho y derecho”. Te atrajeron desde pequeño las mujeres, seguramente tuviste un despertar sexual precoz. El otro sexo te fascinaba desde niño, quizás también te asustaba un poco. Todas tus relaciones han sido con chicas.

En tu infancia ya hubo fantasías y temores varios: a la muerte de familiares queridos, a que enfermaran. Te preocupabas cuando se retrasaban en llegar. A veces fantaseabas que si moría papá, podrías despertar compasión en la niña de la que estabas enamorado.

Con papá siempre tuviste una relación ambivalente. Entre amor y admiración y a veces un poco de odio y temor.

Estaba claro que eras heterosexual. No había dudas. Tenías amigos hombres, pero nunca te atrajeron.

Un día algo pasó en tu cabeza. No sabes si fue ese sueño donde soñabas que tenías una relación con un hombre, o esa chica con la que fallaste sexualmente y eso te hizo pensar ¿será que no me gustan las mujeres?, o quizás alguien cercano contando una historia dónde un hombre felizmente casado y con hijos, un buen día decidió irse con otro hombre. Y tú pensaste ¿por qué no me puede pasar a mi? O quizás sólo alguien que te preguntó ¿no serás gay? No importa qué fue exactamente: ya se había sembrado la duda en tu cabeza ¿No seré homosexual? Y la angustia se apoderaba de ti en esa pregunta.

Empezabas a evitar los gimnasios y todos los lugares donde pudiera surgir un contacto más cercano con tu mismo sexo.

Y además, no sabías qué hacer, porque  pensabas que te estabas volviendo loco, pero la idea aparecía con tanta certeza que ya parecía que mirabas a los hombres y te gustaban, que ya no sentías deseo por las mujeres Pero ¿y si voy a un psicólogo y me dice que soy gay y que ya puedo salir del armario?

No estás en ningún armario. Y no te estás “convirtiendo en gay” como dicen los pacientes que padecen este temor homosexual. Esto es más frecuente de lo que crees, hay muchos hombres que lo sufren, también mujeres. Es un trastorno, generalmente obsesivo, que tiene cura. No es homosexualidad.

Es una crisis de duda, te ha pasado otras veces, dudas de todo, te cuesta tomar una decisión, pero ahora la duda está en tu línea de flotación, la duda es sobre tu propia orientación sexual, dónde más duele. Pero es una duda como las que ha construido otras veces tu pensamiento obsesivo. Tiene tratamiento, no dudes en consultar. Podemos ayudarte a recuperar tu confianza en tu masculinidad.

APRENDE A GESTIONAR TU ESTRÉS Y TU ANSIEDAD

El martes 6 de Septiembre impartiré una charla de unas 2 horas de duración sobre Gestión de la ansiedad y el estrés. Parece que hubiéramos normalizado estas palabras, vamos a todos lados corriendo, angustiados porque no llegaremos a todo, en ocasiones hasta empezamos a sufrir ataques de pánico, o síntomas como mareos, diarrea, sudores nocturnos, vértigos, que no nos explicamos. En esta charla os hablaré de mi experiencia durante años en la consulta y de estos dos últimos años en CMI (Clínica de Medicina Integrativa) dónde he tenido la oportunidad de ayudar a muchas personas a gestionar su estrés y su ansiedad, con los conocimientos adquiridos como Psicoanalista y como Médico Internista, así como mi formación en los últimos años en Medicina Integrativa, que me ha permitido integrar ambas disciplinas.
Martes seis de septiembre, a las 19.00 hs, en la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero. Calle Princesa 13, 1º izda.Inscripciones en el teléfono 917581940.
Puedes inscribirte ya. Plazas limitadas.
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Tratamiento de la Impotencia Psicógena

El 90% de los casos de impotencia no tienen un origen orgánico. Son impotencias de origen psíquico o psicológico. Si bien es verdad que la impotencia a cierta edad (mayores de 50) con factores de riesgo cardiovascular (hipertensión, diabetes, hipercolesterolemia, tabaquismo u obesidad) puede ser indicativa de lesiones vasculares, esto sólo ocurre en un 10% de los casos.

Otras causas de impotencia orgánica o física son los fármacos: los antidepresivos utilizados en el tratamiento de la depresión o los betabloqueantes usados para el tratamiento de la hipertensión son frecuente causa de impotencia. Pero si has acudido a tu urólogo y te ha dicho que todo va bien y que no encuentra nada físico, entonces lo que te pasa es psíquico y tiene un tratamiento eficaz.

¿Quieres saber si tu impotencia es psíquica o física?

Para distinguir una impotencia psicógena o psíquica de una impotencia orgánica o física, hay una serie de características:

  • La impotencia psíquica es un fallo al querer realizar el acto sexual con una mujer, pero la falta de erección a veces no se produce en la masturbación y no impide las erecciones matutinas. Sin embargo, la impotencia física afecta también a la capacidad de erección matutina y a la erección durante la masturbación.
  • La impotencia psíquica sucede con unas mujeres mientras que no sucede con otras, depende de la mujer con la que se intente tener relaciones sexuales se es o no potente, eso no ocurre en la impotencia física, donde independientemente de la mujer, siempre o casi siempre hay impotencia.

Si te sucede alguna de estas cosas, es que tienes una impotencia psíquica. La impotencia psíquica se produce por diversas razones, en cada paciente hay diferentes problemáticas y fantasías en juego, cuestiones que solo se pueden aclarar y resolver en el diván de un psicoanalista. Un ejemplo es el miedo al contagio o al embarazo. Hay hombres que temen contagiarse al mantener relaciones sexuales, o que temen dejar embarazada a la mujer, y esto les lleva a “protegerse” de la relación sexual mediante la impotencia.

Llevamos más de quince años ayudando a parejas a recuperar su sexualidad y a hombres a recuperar su potencia. Si el urólogo te ha dicho que lo que tienes es psicológico, no lo pienses más, ponle remedio, consúltanos. Nuestra formación tanto en el campo de la Medicina como en el del psicoanálisis nos permite darte una atención muy precisa.

Qué es el Psicoanálisis

que es el psicoanalisis

 

El psicoanálisis es un pensamiento, una teoría acerca de los procesos psíquicos, del funcionamiento de nuestro psiquismo, de nuestra mente, de él se desprende un método terapéutico muy eficaz. Identificar cómo pensamos, cuáles son los conflictos y los mecanismos por los que enfermamos permite desarrollar un método de curación. Sabemos los actos que realizamos, pero la mayoría de las veces desconocemos sus determinantes inconscientes: ¿por qué hemos hecho eso? ¿Por qué esa reacción nuestra que a nosotros mismos nos sorprende? ¿por qué siempre encontramos una pareja que nos maltrata, o un amigo que nos traiciona o nos duele el estómago cada vez que nos enfrentamos a algo desconocido? Si algo se repite incesantemente en nuestra vida ¿tendremos algo que ver con eso que se repite? Quizás lo que se repite es nuestra actitud, nuestra manera de pensar la vida y de tratar a los que nos rodean. Y ¿cómo podemos escapar a esa repetición?
El psicoanálisis puede darnos respuestas y ayudarnos a transformar nuestra manera de relacionarnos con el mundo, con los otros y con nosotros mismos ya que, a veces, nosotros mismos somos nuestro peor enemigo.

¿Cómo es una sesión de psicoanálisis? Hay dos trabajos que se desarrollan en un tratamiento psicoanalítico: el trabajo del paciente y el trabajo del psicoanalista.

El trabajo del paciente: consiste en hablar lo más libremente posible. Es lo que llamamos asociación libre. Generalmente, en una conversación habitual entre amigos o conocidos, vamos censurando ideas que nos vienen a la cabeza, las dejamos de lado porque nos desviarían del hilo de la conversación o por otros motivos. Sin embargo, en una sesión de psicoanálisis, se trata de decir todo lo que surja en nuestro pensamiento.Como si el paciente fuera un observador imparcial que según van apareciendo las ideas, las va traduciendo en palabras, sin juzgarlas, sin acallarlas porque le dé vergüenza, pudor, porque piense que la idea surgida es una tontería, etc. Todas esas frases son frases de la censura para no decir algo que es importante. Tenemos que saber que enfermamos por un conflicto que hemos querido olvidar, que hemos reprimido, al querer sacarlo a la luz con el tratamiento, surgen resistencias, pero ningún enemigo puede ser vencido en ausencia, por eso es muy importante cumplir esta regla analítica y no ocultar aquello que surja en nuestra mente durante la sesión.

El trabajo del analista: El analista tiene que escuchar. Nadie escucha a nadie hoy día. Y si no escucho, no sé con quién hablo, a quién me dirijo. A diferencia de la psicología o la psiquiatría, que según la descripción de unos síntomas hacen un diagnóstico y en base a ese diagnóstico aplican un tratamiento estándar, el psicoanálisis no actúa así.

Cada tratamiento es singular, el psicoanálisis de un paciente con depresión no se parece en nada al de otro que aparentemente tiene el mismo diagnóstico. Marañón ya decía: No hay enfermedades, sino enfermos. Cada paciente vive su enfermedad de una manera peculiar y exclusiva. Por eso no sirven los moldes. Cada paciente es único. Primero el psicoanalista tiene que saber quién habla, quién es ese paciente, cuáles son sus miedos, lo que le pone contento y lo que le entristece, cuáles sus relaciones fundamentales, a quién escucha, cómo piensa la realidad. Y para ello tiene que hablar y ser escuchado.

•¿Por qué las sesiones son “tan cortas”?

Las personas que preguntan esto, suelen comparar con otras terapias que duran una hora o tres cuartos de hora. Hemos comprobado que con media hora los temas importantes se concentran, se le saca mucho más jugo a la sesión y no se pierde el tiempo en divagaciones. Aunque el paciente parezca que habla de muchos temas en una misma sesión, en realidad plantea un problema principal, pero se acerca a él desde muchas esferas, con anécdotas de su vida pasada y presente, con sueños, con olvidos, con lapsus donde confunde una palabra con otra, todo eso es “leído” y traducido por el psicoanalista, y se encuentra la preocupación principal de la sesión. Si el psicoanalista ha compartido esta lectura con el paciente, esta interpretación y luego se sigue hablando de otros temas, el tema principal se diluye, se pierde. Por eso esta duración. Hemos comprobado, tras años de trabajo con pacientes, que es la óptima.

Otras personas que preguntan por la “brevedad” de la sesión, olvidan que se trata de un proceso, son personas que están muy apresurados en ver resultados, quieren verlos sesión a sesión. Esto a veces pasa, algo hace click en una sesión y se recolocan muchas cosas, pero para que se dé eso, hay que hacer algunas sesiones en las que parece que no pasa nada, pero no nos dejemos engañar, todo avanza, el psicoanalista escucha, toma nota, va sacando conclusiones parciales y luego interpreta al paciente. El trabajo analítico avanza. Se trata de una suma de sesiones, no se deben evaluar los progresos sesión a sesión. Es un proceso.

• ¿Por qué mi psicoanalista “no me habla” o me habla “tan poco”?

Es una frase frecuente de los pacientes al principio del tratamiento: “Sólo hablo yo, mi psicoanalista no me dice nada. O me dice una frase y luego nada más”. El psicoanalista está escuchando para luego decirte una frase. La escucha es muy activa. Las intervenciones del psicoanalista son breves y precisas, como incisiones quirúrgicas. Es una “cirugía psíquica”. No se puede llenar al paciente de cicatrices, cada frase es como un corte. Decimos que el psicoanalista habla poco porque lo comparamos con una conversación cotidiana, donde cada uno cuenta lo suyo, y es muy difícil que escuche al otro. Una sesión no es una conversación cotidiana, es una conversación muy especial, donde la vida del psicoanalista, sus anhelos y deseos no cuentan, sólo cuenta el paciente, su vida, sus anhelos y deseos, así que no se trata de que el psicoanalista hable, sino de que hable el paciente, el psicoanalista escuche e intervenga sólo cuando sea necesario. Una suma de intervenciones construirá otra historia. Es lo que llamamos construcciones. Una construcción es una secuencia de interpretaciones.

• ¿No me manda tareas para casa?

El trabajo en psicoanálisis se hace en las sesiones. En las sesiones se va escribiendo una historia diferente a la que el paciente traía, porque la mayoría de las veces él trae una historia dónde siente que tiene mala suerte, o que los demás son mala gente, que siempre le han tratado mal, vamos, que todo está fuera de él y entonces el psicoanálisis le dice: Si usted quiere cambiar su vida, porque ésta no le gusta, porque no es feliz, porque no le va bien, porque está enfermo de esto o de aquello, el primer paso es darse cuenta de que esa que tenemos es la vida que hicimos, que nuestro deseo estuvo implicado en la producción de esa vida, ese es el primer paso para construir una nueva personalidad y con ella una nueva vida.

Las tareas en psicoanálisis se hacen en la sesión: acudir a las sesiones, asociar libremente, no censurar lo que se le ocurra a uno. No hay deberes para casa. Cuando se llega a una conclusión (que siempre son parciales, son para seguir trabajando, no para quedarse con ellas) el paciente decide si quiere o no seguir ese nuevo camino vital que se ha abierto. Por ejemplo: en las sesiones se ve que las situaciones en las que me involucro tienen que ver con que no soy capaz de decir que no. Me doy cuenta de que tengo miedo a perder el amor de los otros si lo hago. Entonces voy siendo arrastrado por los compromisos a los que me lleva esa imposibilidad, yo decido si quiero cambiar eso, si tengo que empezar a elegir a qué digo si o no, y además, me daré cuenta sorprendido de que la gente no deja de quererme por ello.

• ¿Y usted está seguro de que yo “me voy a curar sólo hablando”? Si esto ya se lo he contado a un montón de amigos y a mi familia.
Esta es una pregunta que le hacían mucho al Dr. Freud. El psicoanálisis se llamó la cura por la palabra (‘talking cure’). Pero no se trata sólo de la palabra, se trata fundamentalmente de la escucha del psicoanalista. Como yo sé que me están escuchando, que no me van a juzgar, que no me van a decir lo que tengo que hacer llenándome de consejos prefabricados, sino que me escucharán y me ayudaran a pensar lo que es más conveniente para mí, pero las decisiones sobre mi vida no se las puedo delegar a nadie. He de tomarlas yo. Que puedo decir cualquier cosa, que no se asustarán, entonces hablo con libertad. Y hablar con libertad es el primer paso para hacer en libertad. Además de la palabra y la escucha, está la relación transferencial, es decir la relación que se establece entre el paciente y su analista. El paciente no puede dejar de repetir maneras de relacionarse, eso le da al analista muchísimos datos importantes sobre el paciente. Además, el establecimiento de una relación de confianza hará que el paciente vaya valorando las frases producidas con su ayuda en su psicoanálisis más que algunas otras frases familiares provenientes de la madre, padre, hermanos, etc. que nos hacen estancarnos: Del “eres un inútil, nunca llegarás a nada” de nuestra madre, pasamos al: “Soy un ser humano inteligente, con capacidad de trabajo, puedo forjar mi destino si pongo en ello mi deseo y me dejo ayudar por otros.”

• ¿Cuántas sesiones necesito?

Empiece usted a caminar y sabremos cuál es su paso, su paso depende de su facilidad para hablar, de si censura mucho lo que dice o no, de si la enfermedad le procura alguna ventaja, como librarle de determinadas ocupaciones desagradables que no quiere enfrentar, por eso a veces se refugia uno en la enfermedad para huir de responsabilidades. Es un mito que el psicoanálisis es largo, se
suele notar alguna mejoría desde las primeras sesiones. Cuente usted los años que lleva con el síntoma, el análisis será mucho más corto, cuente los años que le quedan por vivir y lo maravilloso que será poder vivirlos sin miedos, sin fobias, sin inhibiciones, sin depresión, sin ansiedad… Le resultará muy corto. En tratamientos de seis meses-1 año ya se logran mejorías considerables y en un alto porcentaje curaciones. Si bien es importante recordar que el psicoanálisis es mucho más que un instrumento terapéutico: me puede ayudar a pensar la vida, a crecer, a crear, al desarrollo personal, social y laboral. No hace falta estar enfermo para psicoanalizarse.

Superar la Depresión

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La depresión es mucho más común de lo que creemos, un 10% de la población puede tener en algún momento de su vida un episodio depresivo,  porque no se trata sólo de los cuadros extremos que todos conocemos, que cursan con insomnio, llanto constante, tristeza, falta de apetito con la consiguiente pérdida de peso, o a veces, paradójicamente, bulimia: un apetito exagerado. También hay un desinterés por todo lo que antes de empezar a sentirse así producía una satisfacción,  se pierden los hobbies, hay un descuido del aseo personal y de la forma de vestir, en las mujeres del maquillaje, etc. Los pacientes dicen a veces que son como muertos en vida.

Una depresión puede consistir simplemente en una pérdida de las ilusiones, de  las ganas de vivir, del entusiasmo, sin ningún otro de los síntomas típicos. No hay que resignarse a sentirse así, tenemos derecho a disfrutar de la vida.  El entusiasmo puede recuperarse.

Si ustedes quieren reconocer a un deprimido, hay un dato que nunca falla, y es la autodenigración de sí mismo. Frases como: soy un estorbo para mi familia, no sirvo para nada, todo lo hago mal, dichas públicamente, de manera reiterada, sin ningún pudor y con absoluta resignación, indican sin lugar a dudas que estamos ante un paciente deprimido. Además, la queja y la duda se extienden al pasado, aunque hayan sido personas brillantes. Siempre fui un desastre, dicen, por ejemplo.

Es muy típico también que tengan delirios de ruina o empobrecimiento.

En ocasiones, la depresión se manifiesta con síntomas orgánicos, como dolores de cabeza, dolor abdominal crónico, dolores musculares generalizados. Es estos casos, los síntomas depresivos comunes como la tristeza o el llanto, suelen estar encubiertos, pasan casi desapercibidos, dejando todo el protagonismo a los dolores corporales, por eso estos casos de depresión se llaman depresión enmascarada. Si usted tiene un dolor de este tipo, para el que ya se le han hecho todos los estudios médicos y le han dicho que no encuentran nada orgánico, puede padecer una depresión. Lo importante es que tiene tratamiento, tratando la depresión, mejoran y desaparecen los síntomas orgánicos.

El psicoanálisis es un elemento crucial para el tratamiento de la depresión, que  se produce siempre frente a una pérdida, que puede ser de una persona o de un ideal. Vemos a veces como se deprime la gente cuando se rompe un noviazgo, pero también cuando se muere un familiar querido o cuando se rompe un ideal, sucede frecuentemente con la caída de las ilusiones amorosas: “yo creía que el amor era otra cosa”, dicen algunas pacientes deprimidas. O la pérdida de la salud. Personas que pensaban que nunca iban a enfermar y se enferman y esa situación las deprime.  Han perdido un ideal.

El psicoanálisis nos ayuda a identificar la pérdida, porque a veces, sabemos a quién hemos perdido, pero no lo que con ello hemos perdido, es decir, lo que esa persona significaba para nosotros, qué lugar ocupaba y sobre todo nos enseña a sustituir, a sumar. Si, hemos perdido algo, pero el mundo sigue ofreciéndonos tantas otras cosas…

Lo que a usted le pasa, tiene un tratamiento. No se resigne, porque la resignación es otro síntoma más de la depresión. No deje que decida la enfermedad. Podemos ayudarle.

Fobias y miedos exagerados. Tratamiento online y presencial

Fobias y miedos

 

Las fobias son miedos irracionales (por su intensidad y por la poca concordancia entre el objeto del miedo y las manifestaciones clínicas), que pueden ser limitantes para la vida de la persona que las padece, a veces le obligan a confinarse en su casa (agorafobia) o no puede utilizar algunos medios de transporte (fobia al metro o al avión o a conducir).   Otras veces, los pacientes se hacen totalmente dependientes, ya que pueden salir pero no pueden hacerlo solos, necesitan lo que llamamos un “acompañante fóbico”.  Alguien  con el que sí se atreven a salir a la calle.

La psicología cognitivo conductual utiliza métodos de exposición (exponen al paciente al objeto de la fobia), que pueden hacer pasar al paciente por terribles estados de angustia y no resultan muy eficaces en todos los casos. La psiquiatría los medica con ansiolíticos, pero esto, si bien puede aliviar los síntomas, no resuelve el conflicto. El psicoanálisis considera que se producen por un conflicto psíquico, y los invita a hablar y a ser escuchados, a resolver el conflicto que produjo la fobia.

Más allá de todos los tipos de fobia que se describen habitualmente en psiquiatría, y que se clasifican por el objeto que las produce: aracnofobia: fobia a las arañas, hidrofobia: fobia al agua, etc., nosotros haremos  aquí una clasificación más práctica según cómo surgen, su manera de comenzar y a qué se asocian.

 

  • Fobias en relación con los trastornos de angustia o ansiedad: la agorafobia es la más típica. Lo que sucede en estas fobias es que hubo un primer ataque de angustia en la calle, y desde ese momento, se desarrolla la agorafobia, por el temor a que se repita. A veces la angustia se manifiesta con vértigos, mareos, en vez de con la típica crisis de angustia, por eso no es raro ver que se desarrollen fobias tras un episodio de vértigo. Esto lleva al paciente a encerrarse en su casa, pierde su capacidad de trabajar, porque no puede desplazarse, etc. Son muy limitantes, pero desaparecen al tratar la angustia con psicoanálisis.
  • Fobias en relación con un hecho traumático: A veces ha sucedido un accidente en coche, o le han robado a la persona estando en un centro comercial, y queda una fobia a montar en coche, por el recuerdo del accidente o a entrar en un centro comercial. Estas son fobias por “reminiscencia” o recuerdo de la situación traumática. También son relativamente sencillas de resolver con terapia.
  • Temor exagerado a cosas que pueden dar miedo a todos, pero no tanto como para hacer un ataque de angustia o dejar de hacer cosas por el miedo, como le sucede al paciente con fobia. Por ejemplo: a las tormentas en campo raso, o a la noche, a la soledad, etc. En su mecanismo son muy parecidas a las anteriores y responden igualmente al tratamiento.
  • Fobias a los animales: temor a ser mordido por un perro u otro animal. Estas son las fobias más típicas y son muy frecuentes en la infancia. El miedo generalmente nos protege, pero hay veces que no está donde tiene que estar, es el caso de las fobias. Más que proteger del peligro, este miedo paraliza a los que lo padecen. El psicoanálisis es muy eficaz en estas fobias de la infancia, que a veces se adquieren de niño y se mantienen hasta la edad adulta.
  • Fobia a las enfermedades: Más que una fobia, esto es una hipocondría. Temor a enfermar o a contraer las enfermedades generalmente más graves. Incluso el paciente tiene sensación de estar ya enfermo o padecer esa enfermedad y cree que los médicos no saben diagnosticarlo. Es fundamental tratar estos trastornos, porque sino el paciente puede ser sometido a decenas de pruebas diagnósticas y terapéuticas innecesarias y sufre mucha angustia.
  • Fobia a hablar en público: Esto es otra pseudofobia, no es una fobia como tal, sino más bien uno de los síntomas de la neurosis obsesiva o TOC. Hay un terror a hablar en público, en realidad hay una tendencia al aislamiento porque inconscientemente se considera a los otros humanos como enemigos, como fuente de inquietud, de problemas. Se teme que se rían de uno, quedar en ridículo, olvidar el texto… El tratamiento psicoanalítico es muy eficaz en estos casos para superar estos miedos, sobre todo es muy útil en profesiones que para progresar, han de realizar exposiciones en público, ya que la fobia limita sus posibilidades de crecimiento y desarrollo.

Si no puedes desplazarte porque la fobia te lo impide puedes realizar la terapia a distancia, de manera online o telefónica.

Doctor ¿Por qué no puedo adelgazar?

Libro Doctor, ¿Por qué no puedo adelgazar?

Presentación del libro el próximo día 15 de Octubre de 2015 a las 20:30h  en la sede de Grupo Cero ubicada en C/ Princesa 13, 1º Izquierda, Madrid. 

Quizás consideres que la obesidad o el sobrepeso son cuestiones exclusivamente físicas: si ingieres más calorías de las que consumes, engordas.

Es cierto que hay que descartar cuestiones orgánicas, problemas médicos que lleven a engordar, como el hipotiroidismo, por ejemplo, que dificulta la pérdida de peso, a pesar de ingerir escasas cantidades de comida. También se conocen ciertas alteraciones enzimáticas (déficit de proteínas desacoplantes) que dificultan la pérdida de peso y que podemos mejorar con una correcta administración de complementos nutricionales y así facilitar el adelgazamiento. Estas son cuestiones biológicas.

Sin embargo, la mayoría de las personas con obesidad y sobrepeso, que quizás sea tu caso, han intentado cientos de dietas y algunas tienen el problema de que nunca han podido seguir ninguna, pero una gran parte son personas que han hecho dieta, la han cumplido, han bajado de peso y luego vuelven a engordar, no pueden mantenerse ¿es tu caso? ¿por qué esta repetición, esta insistencia? ¿dónde fallas? ¿qué es lo que te lleva a comer más de lo necesario y a veces a ingerir especialmente alimentos con alto contenido glucémico?

Si hablamos de Medicina Integrativa, hablamos de una manera de concebir al ser humano como un todo, de manera global, a incluir sus aspectos físicos y psíquicos, emocionales. En ocasiones, el aspecto emocional es determinante. No solo se deben cambiar los hábitos, adaptarse y aprender a comer sano, sino que hay que tomar en cuenta estos poderosos factores que se interponen a la consecución del objetivo: conseguir un peso sano ¿Y cuáles son estos factores?:

Ansiedad y angustia

La ansiedad y la angustia son algo que sentimos. Corresponden a un afecto de carácter desagradable, del que nos queremos desprender lo más rápidamente posible, ya que en muchos casos puede incluso provocar estados de hiperventilación, taquicardia, sudoración, ahogos, sensaciones corporales muy molestas que hacen imaginar a la persona angustiada que puede llegar a morir o a volverse loca. Como hemos dicho es una sensación, un sentimiento, nada más. No hay amenaza real para la vida.

Muchas personas cuando sienten nerviosismo, agitación e inquietud, recurren a la comida, a veces en forma de atracones, para intentar paliar este estado o porque sienten que les genera satisfacción y calma. No comen por hambre o por necesidad, comen para calmar su estado anímico, su situación emocional, su ansiedad. Eso les produce sentimiento de culpabilidad, lo que aumenta nuevamente su ansiedad, entrando en el círculo vicioso que les perjudica.

Puede ayudarte a refrenar estos atracones conocer las diferencias entre el hambre fisiológica que solo se calma con alimentos y el hambre por angustia y ansiedad que no se calma más que parcial y momentáneamente con alimentos.

Si es hambre fisiológica lo que tienes notarás ruidos intestinales, irritabilidad, baja energía, dificultad de concentración. En el caso del hambre por ansiedad sólo notarás deseo compulsivo de comer ciertos alimentos concretos, no otros, sin ninguna de las sensaciones anteriores, como un antojo.

Depresión

La depresión es un padecimiento muy frecuente. Se suele asociar a una pérdida afectiva, de una relación personal o de un ideal.

El riesgo de obesidad aumenta en un 58% entre quienes padecen depresión. Esto está en relación con la inactividad física por la falta de ganas, con que algunos antidepresivos producen aumento de apetito y con el aburrimiento y el aislamiento social que lleva a la persona deprimida a comer para ocupar su tiempo.

A veces cursa con bulimia, con apetencia exagerada por los dulces, no sólo con falta de apetito (que es como nos solemos imaginar a la persona deprimida). La sensación de mayor energía momentánea que producen los dulces, hace que tiendan a comerlos. Esto tiene su efecto rebote, porque los alimentos de alto contenido glucémico, inducen una fuerte respuesta insulínica, con la consecuente bajada de glucemia y caída otra vez del estado de ánimo.

Pero no hace falta estar ansioso o deprimido para comer de más o mal, puede haber múltiples cuestiones psíquicas que estén interfiriendo en la cantidad y la calidad de lo que ingieres:

La percepción de tu imagen corporal

La imagen corporal es la manera en que uno se ve y se imagina, cómo ve su cuerpo y qué dice de él. Todos tenemos una imagen corporal de nosotros mismos. En cómo percibes tu imagen corporal influyen de manera decisiva los sentimientos, las ideas con respecto a tu aspecto (si te sientes fuerte, capaz, con atractivo…), las tendencias sociales, lo que crees que los otros piensan de tu cuerpo, las frases familiares acerca de la propia apariencia, etc.

Puede ser interesante revisar los prejuicios sociales o familiares que pueden estar presentes en ti con respecto a cómo piensas un cuerpo bello o sano, como en el siguiente caso clínico: “Una paciente cuya madre le había dicho que una mujer a partir de los 40 años perdía su belleza, y ella, de manera inconsciente, para obedecerla, dejó de cuidarse a los 40 años. El psicoanálisis le permitió darse cuenta de que esta frase era la que la llevaba a descuidarse y entender que cada edad tiene su belleza y que una mujer de 40 años seguía mereciendo ser cuidada.”

Los hábitos adquiridos en la infancia

Alimentar a otro es un acto de amor. La comida cubre nuestras necesidades fisiológicas de alimentarnos, nos aporta los nutrientes necesarios para sobrevivir, pero también nos aporta otras cosas que son del orden de las necesidades afectivas. Por ejemplo, con respecto al primer alimento: la leche materna, no es tan sólo lo que tu madre te dio de comer: la leche, el alimento, sino cómo te lo dio, importa cómo la madre coge al niño, cómo lo mira, si le habla dulcemente, el amor que pone en alimentarlo. Esto puede influir en algunos trastornos posteriores de la alimentación en el adulto, como la anorexia o la bulimia.

Cuando queremos conseguir un peso saludable y nos cuesta, tenemos que revisar nuestra relación con la comida, que en todos los casos se constituyó en la niñez.

Adelgazar es una decisión, pero como toda decisión en la vida, sólo sabrás si la has tomado cuando ya esté hecho. Por eso no tiene sentido que inicies una dieta por una imposición externa (familiares, médicos, nutricionistas) sin una convicción personal. Si lo decides, tienes que seguir el camino y no dejarte desviar, ni por las frases familiares, ni por las frases de la pareja, de las amigas/os envidiosas/os, que si estás gorda/a supones menor competencia para ellas/os, etc. Tú adelante. Si quieres conseguirlo, tienes que:

  • Pactar con un equipo profesional que te ayude, por un lado a adquirir unos hábitos alimentarios saludables, con los consejos de un nutricionista, y por otro lado a vencer los obstáculos psíquicos que te impiden ocuparte de tu salud, con el apoyo psicoanalítico.
  • No olvidar que son dos trabajos diferentes: uno adelgazar, otro mantenerse. Se trata de aprender a comer sano y mantenerlo en el tiempo, las dietas milagro no sirven.
  • Pensar en las ventajas, en lo que vas a conseguir y no en lo que vas a perder: Tendrás menos riesgo de enfermedades asociadas a la obesidad, vivirás más años y con mejor salud y te sentirás más atractivo.
  • Preguntarte ¿qué frases sobre la comida están actuando en ti? Llegar a estas frases es posible bajo la escucha de un psicoanalista. Porque muchas veces son fantasías inconscientes, prejuicios.
  • Buscar otras maneras de satisfacción que no sean la comida.

Como conclusión: si te reiteras mucho en hacer dietas, bajar y luego volver a engordar, habrá que añadir algo más a la dieta. La terapia psicoanalítica individual o grupal, sumada al trabajo del nutricionista, te ayuda a poder romper esa inercia.

 

Dra. Alejandra Menassa. Médico Internista y Psicoanalista. Responsable del Departamento de Salud Mental de CMI.

Dra. Pilar Rojas. Médico Reumatólogo y de Familia. Psicoanalista. Responsable del Departamento de Clínica de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.