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Doctor ¿Por qué no puedo adelgazar?

Libro Doctor, ¿Por qué no puedo adelgazar?

Presentación del libro el próximo día 15 de Octubre de 2015 a las 20:30h  en la sede de Grupo Cero ubicada en C/ Princesa 13, 1º Izquierda, Madrid. 

Quizás consideres que la obesidad o el sobrepeso son cuestiones exclusivamente físicas: si ingieres más calorías de las que consumes, engordas.

Es cierto que hay que descartar cuestiones orgánicas, problemas médicos que lleven a engordar, como el hipotiroidismo, por ejemplo, que dificulta la pérdida de peso, a pesar de ingerir escasas cantidades de comida. También se conocen ciertas alteraciones enzimáticas (déficit de proteínas desacoplantes) que dificultan la pérdida de peso y que podemos mejorar con una correcta administración de complementos nutricionales y así facilitar el adelgazamiento. Estas son cuestiones biológicas.

Sin embargo, la mayoría de las personas con obesidad y sobrepeso, que quizás sea tu caso, han intentado cientos de dietas y algunas tienen el problema de que nunca han podido seguir ninguna, pero una gran parte son personas que han hecho dieta, la han cumplido, han bajado de peso y luego vuelven a engordar, no pueden mantenerse ¿es tu caso? ¿por qué esta repetición, esta insistencia? ¿dónde fallas? ¿qué es lo que te lleva a comer más de lo necesario y a veces a ingerir especialmente alimentos con alto contenido glucémico?

Si hablamos de Medicina Integrativa, hablamos de una manera de concebir al ser humano como un todo, de manera global, a incluir sus aspectos físicos y psíquicos, emocionales. En ocasiones, el aspecto emocional es determinante. No solo se deben cambiar los hábitos, adaptarse y aprender a comer sano, sino que hay que tomar en cuenta estos poderosos factores que se interponen a la consecución del objetivo: conseguir un peso sano ¿Y cuáles son estos factores?:

Ansiedad y angustia

La ansiedad y la angustia son algo que sentimos. Corresponden a un afecto de carácter desagradable, del que nos queremos desprender lo más rápidamente posible, ya que en muchos casos puede incluso provocar estados de hiperventilación, taquicardia, sudoración, ahogos, sensaciones corporales muy molestas que hacen imaginar a la persona angustiada que puede llegar a morir o a volverse loca. Como hemos dicho es una sensación, un sentimiento, nada más. No hay amenaza real para la vida.

Muchas personas cuando sienten nerviosismo, agitación e inquietud, recurren a la comida, a veces en forma de atracones, para intentar paliar este estado o porque sienten que les genera satisfacción y calma. No comen por hambre o por necesidad, comen para calmar su estado anímico, su situación emocional, su ansiedad. Eso les produce sentimiento de culpabilidad, lo que aumenta nuevamente su ansiedad, entrando en el círculo vicioso que les perjudica.

Puede ayudarte a refrenar estos atracones conocer las diferencias entre el hambre fisiológica que solo se calma con alimentos y el hambre por angustia y ansiedad que no se calma más que parcial y momentáneamente con alimentos.

Si es hambre fisiológica lo que tienes notarás ruidos intestinales, irritabilidad, baja energía, dificultad de concentración. En el caso del hambre por ansiedad sólo notarás deseo compulsivo de comer ciertos alimentos concretos, no otros, sin ninguna de las sensaciones anteriores, como un antojo.

Depresión

La depresión es un padecimiento muy frecuente. Se suele asociar a una pérdida afectiva, de una relación personal o de un ideal.

El riesgo de obesidad aumenta en un 58% entre quienes padecen depresión. Esto está en relación con la inactividad física por la falta de ganas, con que algunos antidepresivos producen aumento de apetito y con el aburrimiento y el aislamiento social que lleva a la persona deprimida a comer para ocupar su tiempo.

A veces cursa con bulimia, con apetencia exagerada por los dulces, no sólo con falta de apetito (que es como nos solemos imaginar a la persona deprimida). La sensación de mayor energía momentánea que producen los dulces, hace que tiendan a comerlos. Esto tiene su efecto rebote, porque los alimentos de alto contenido glucémico, inducen una fuerte respuesta insulínica, con la consecuente bajada de glucemia y caída otra vez del estado de ánimo.

Pero no hace falta estar ansioso o deprimido para comer de más o mal, puede haber múltiples cuestiones psíquicas que estén interfiriendo en la cantidad y la calidad de lo que ingieres:

La percepción de tu imagen corporal

La imagen corporal es la manera en que uno se ve y se imagina, cómo ve su cuerpo y qué dice de él. Todos tenemos una imagen corporal de nosotros mismos. En cómo percibes tu imagen corporal influyen de manera decisiva los sentimientos, las ideas con respecto a tu aspecto (si te sientes fuerte, capaz, con atractivo…), las tendencias sociales, lo que crees que los otros piensan de tu cuerpo, las frases familiares acerca de la propia apariencia, etc.

Puede ser interesante revisar los prejuicios sociales o familiares que pueden estar presentes en ti con respecto a cómo piensas un cuerpo bello o sano, como en el siguiente caso clínico: “Una paciente cuya madre le había dicho que una mujer a partir de los 40 años perdía su belleza, y ella, de manera inconsciente, para obedecerla, dejó de cuidarse a los 40 años. El psicoanálisis le permitió darse cuenta de que esta frase era la que la llevaba a descuidarse y entender que cada edad tiene su belleza y que una mujer de 40 años seguía mereciendo ser cuidada.”

Los hábitos adquiridos en la infancia

Alimentar a otro es un acto de amor. La comida cubre nuestras necesidades fisiológicas de alimentarnos, nos aporta los nutrientes necesarios para sobrevivir, pero también nos aporta otras cosas que son del orden de las necesidades afectivas. Por ejemplo, con respecto al primer alimento: la leche materna, no es tan sólo lo que tu madre te dio de comer: la leche, el alimento, sino cómo te lo dio, importa cómo la madre coge al niño, cómo lo mira, si le habla dulcemente, el amor que pone en alimentarlo. Esto puede influir en algunos trastornos posteriores de la alimentación en el adulto, como la anorexia o la bulimia.

Cuando queremos conseguir un peso saludable y nos cuesta, tenemos que revisar nuestra relación con la comida, que en todos los casos se constituyó en la niñez.

Adelgazar es una decisión, pero como toda decisión en la vida, sólo sabrás si la has tomado cuando ya esté hecho. Por eso no tiene sentido que inicies una dieta por una imposición externa (familiares, médicos, nutricionistas) sin una convicción personal. Si lo decides, tienes que seguir el camino y no dejarte desviar, ni por las frases familiares, ni por las frases de la pareja, de las amigas/os envidiosas/os, que si estás gorda/a supones menor competencia para ellas/os, etc. Tú adelante. Si quieres conseguirlo, tienes que:

  • Pactar con un equipo profesional que te ayude, por un lado a adquirir unos hábitos alimentarios saludables, con los consejos de un nutricionista, y por otro lado a vencer los obstáculos psíquicos que te impiden ocuparte de tu salud, con el apoyo psicoanalítico.
  • No olvidar que son dos trabajos diferentes: uno adelgazar, otro mantenerse. Se trata de aprender a comer sano y mantenerlo en el tiempo, las dietas milagro no sirven.
  • Pensar en las ventajas, en lo que vas a conseguir y no en lo que vas a perder: Tendrás menos riesgo de enfermedades asociadas a la obesidad, vivirás más años y con mejor salud y te sentirás más atractivo.
  • Preguntarte ¿qué frases sobre la comida están actuando en ti? Llegar a estas frases es posible bajo la escucha de un psicoanalista. Porque muchas veces son fantasías inconscientes, prejuicios.
  • Buscar otras maneras de satisfacción que no sean la comida.

Como conclusión: si te reiteras mucho en hacer dietas, bajar y luego volver a engordar, habrá que añadir algo más a la dieta. La terapia psicoanalítica individual o grupal, sumada al trabajo del nutricionista, te ayuda a poder romper esa inercia.

 

Dra. Alejandra Menassa. Médico Internista y Psicoanalista. Responsable del Departamento de Salud Mental de CMI.

Dra. Pilar Rojas. Médico Reumatólogo y de Familia. Psicoanalista. Responsable del Departamento de Clínica de la Escuela de Psicoanálisis Grupo Cero.

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